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Agresiones y amenazas, la 'clase' que cada vez más sufren los profesores del Valle

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Prensa

 

Agresiones y amenazas, la 'clase' que cada vez más sufren los profesores del Valle

La violencia contra los maestros es un problema nacional. El Valle recibe docentes que han sido amenazados en regiones como Cauca y Nariño.
El País

El profesor José Miguel Fernández recibió a los padres de familia en el salón de clases. En la entrada, los niños de su curso aguardaban a que les diera la orden para ingresar. Adentro, el profesor les explicaba a los padres por qué su hijo, un pequeño de unos 11 años, reprobó el sexto grado. Sus papás habían ido a preguntar por ello el pasado 20 de febrero, cuando ya el nuevo año lectivo había empezado desde hacía por lo menos un mes, lo que al profesor le causó extrañeza.

– El niño en el primer periodo perdió cinco materias. En el segundo, cuatro. Finalmente termina perdiendo ciencias sociales y naturales. Se le da una oportunidad para que pase esas materias, un taller de recuperación, y sin embargo su nota fue de 1,1. Su rendimiento escolar durante el año fue muy bajo. Ahora, la decisión de que el niño pase el año o no, no la tomo yo. Eso lo hace una comisión de evaluación y promoción del cuerpo de profesores del colegio (el Politécnico Municipal de Cali)– dijo el profesor.

El padre del niño ripostó. En un tono de voz elevado dijo que su hijo tenía que pasar a séptimo grado. “O pasa, o pasa”. Entre otros argumentos, expuso motivos económicos. Un año escolar, incluso en un colegio público, sale demasiado costoso para una familia como para tener que repetirlo. El profesor José Miguel se mantuvo imperturbable.

– ¿De dónde van a salir los futuros políticos del país? De estos niños. Entonces, ¿cree usted que vamos desde la escuela a promocionar la corrupción regalándoles el año por la presión de sus papás? Yo no me presto para eso. 

En ese momento, según el relato del profesor José Miguel, el padre del niño reprobado, al parecer un vendedor de frutas de la galería Alameda, lo amenazó de muerte. El profesor lo llamó a su vez “infame”, y se dirigió a la coordinación del colegio para advertir que si le sucedía algo, era responsabilidad del padre de familia. Atrás le seguían los niños del curso.

De repente, ya en la coordinación, el padre le propinó al profesor un puñetazo en la nariz, que hizo que sus gafas le cortaran la cara. También le impactó varias patadas en las piernas y en el vientre. Algunos docentes intervinieron en medio del barullo y ordenaron cerrar el colegio. El agresor fue capturado por la Policía. En un salón, el profesor José Miguel lloraba rodeado por sus estudiantes.

– No lloraba tanto por el dolor físico, sino por el moral.

***

Ser maestro es una profesión cada vez más peligrosa en Cali y el Valle. Según los datos de la profesora Martha Figueroa, quien hace parte del Comité de Docentes Amenazados y Desplazados de la ciudad, el año anterior se reportaron 28 denuncias de amenazas y agresiones a maestros, rectores y coordinadores.

En 34 de los 42 municipios del departamento las cifras son similares, de acuerdo con los datos del Comité de Docentes Amenazados y Desplazados del Valle; 27 amenazas se registraron en 2017; incluso una de ellas terminó en un atentado contra un rector.

En el sexto piso del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Valle, Sutev, el profesor José Miguel Fernández, ya recuperado de las lesiones, decía el martes pasado que la escuela, como el mundo en general, pareciera estar patas arriba.

– Yo llevo más de 30 años como docente de biología. Mi vocación por ser maestro nació gracias a mis profesores, a quienes admiraba por el importante trabajo que realizaban. Hubo un tiempo en que ser profesor generaba respeto. Y el padre de familia decía: “Si mi hijo lo irrespeta, repréndalo, y me avisa, que yo en la casa sigo”. Ahora en este mundo al revés, la escuela patas arriba, es al maestro al que se le castiga. Los profesores estamos presionados a la hora de poner una mala nota porque o nos amenazan de muerte, o nos acusan de cualquier cosa. Nos han arrebatado la autoridad académica. ¿Qué mensaje se le envía a una sociedad si el propio padre de un estudiante le pega e insulta al maestro que está tratando de educar a su hijo?

Muy cerca de donde se encontraba el profesor José Miguel, la maestra Stella Domínguez Valverde, Fiscal del Sutev, asentía. Las agresiones que padecen los docentes de la ciudad, sobre todo a final del año lectivo (cuando no hay mucho por hacer para salvar las notas), dijo, se deben a una total falta de responsabilidad de muchas familias para con sus hijos. 

Y eso, sospecha la maestra, a su vez es producto, en parte, de algunos decretos que expidió el Estado y que aunque no están vigentes, siguen teniendo consecuencias en los planteles. Como una norma que hacía casi imposible que un estudiante perdiera un año, por deficientes que estuvieran sus calificaciones. 

En uno de sus apartes ese decreto decía, por ejemplo, que “los establecimientos educativos tienen que garantizar un mínimo de promoción del 95 % del total de los educandos que finalicen el año escolar”; y agregaba: “En ningún caso la institución educativa debe exceder el límite del 5 % del número de estudiantes que finalizado el año escolar deban repetirlo. Los demás estudiantes serán promovidos al siguiente grado, y sus evaluaciones finales no se podrán modificar”.

Entre otras cosas, el espíritu de aquel decreto buscaba ahorrar dinero. Que un estudiante repita el año es costoso para todos, incluso para el Gobierno.

Sin embargo, advirtió la maestra Stella, aunque aquello fue modificado, aún muchas familias siguen pensando que sus hijos no pierden el año por mal que les vaya, y por eso impera la ley del menor esfuerzo y la indignación cuando el alumno llega a casa con la noticia de su reprobación. 

– La familia de hoy irrespeta al educador, ya no lo ven como ese profesional que es casi parte de la familia porque está trabajando para que el niño sea un ciudadano ejemplar, sino que lo ven como un enemigo o un empleado de los alumnos. La escuela como tal no la están viendo como el sitio de formación, sino como una guardería. Que los niños estén ‘guardados’ para evitarse una carga en la casa, pero no hay un compromiso con la educación de los mismos, no hacen seguimiento de cómo va el niño en el año y si está cumpliendo con sus obligaciones académicas. Tampoco asisten a las reuniones de padres de familia. 
Entonces lo más fácil para arreglar un problema como la pérdida del año de un estudiante, creen algunos, es presionar a los docentes con amenazas o con denuncias ante la Personería.

Pero poner malas notas no es el único motivo por el que amenazan a los profesores. La docente Stella asegura que en varias instituciones de Cali, especialmente las ubicadas en zonas de ladera y en el Distrito de Aguablanca, hay estudiantes o acudientes que integran pandillas juveniles y otros grupos armados, lo que es utilizado como mecanismo de presión hacia los maestros.

– Les dicen cosas como “profe, ojo con esa materia, recuerde que usted tiene una hija” o algo por el estilo, y no son pocos los que terminan cediendo para evitarse problemas.

La maestra Martha Figueroa, del Comité de Docentes Amenazados y Desplazados de Cali, recordó que incluso un rector de un colegio del Distrito fue agredido por un padre de familia el año anterior, y una madre arribó a un colegio del Sur hace unos meses para increpar al coordinador. Le quebró los vidrios de su oficina.

– También nos afecta mucho el microtráfico de drogas en los planteles y sus alrededores. Cuando ponemos las alertas de ese delito ante las autoridades, como es nuestra obligación, comienzan las complicaciones. 
También detectamos casos de abuso sexual en las familias e igualmente lo denunciamos, pero la misma familia toma represalias contra nosotros. 
En la zona rural, aseguró la maestra Francia Milena Ortega, del Comité de Docentes Amenazados y Desplazados del Valle, hay otro tipo de presiones.

En los pueblos el docente es un líder de la comunidad, así que, por citar un caso, hay escuelas a donde no llega el agua debido a que los poderosos desviaron los ríos hacia sus cultivos, así que es el maestro el que debe hacer el reclamo, exponiendo el pellejo.

– En el Valle la problemática es en diferentes municipios. En la zona norte las amenazas tienen que ver con el microtráfico de drogas. 
Tenemos docentes en municipios como Bolívar, donde los amenazan para que sean los que lleven y traigan drogas, de lo contrario ponen en peligro su vida y la de su familia. Lo más triste de esto es que la entidad encargada de hacer el estudio de estas amenazas es la Unidad Nacional de Protección, pero los estudios no se hacen correctamente, en nuestro criterio. La mayoría de los casos se determinan como ‘riesgos ordinarios’, no ‘extraordinarios’, por lo que devuelven al maestro al lugar donde fue amenazado. Y hay casos donde el maestro denuncia una amenaza, pero no quiere ser trasladado, como sucede con el profesor José Miguel, agredido en Cali. Esto se debe a que un traslado es un cambio de vida. El docente termina siendo amenazado y desplazado. Por eso muchos no denuncian. Hay un subregistro alto. Igualmente 8 maestros renunciaron a su estatus de amenazado el año pasado por este motivo– comentó la maestra Francia Milena, del Comité de Docentes Amenazados y Desplazados del Valle.

En el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Valle tienen por cierto la sensación de estar desprotegidos; la percepción en el sentido que cada que un padre de familia o un estudiante instaura una queja formal contra los docentes, los organismos de control como la Personería actúan de inmediato, pero en el caso de las denuncias de las amenazas contra los maestros no sucede lo mismo.

El Personero de Cali, Héctor Hugo Montoya, explicó al respecto que la competencia de la Personería es investigar las conductas de los funcionarios públicos, no las agresiones contra los mismos. En ese caso es la justicia ordinaria la encargada de investigar los hechos.

La Secretaria de Educación de la ciudad, Luz Elena Azcárate, dijo por su parte que sí se actúa para proteger a los maestros, pero advirtió que la agresividad que se viene presentando en las aulas es de parte y parte: tanto de estudiantes y acudientes como de profesores. 

– En la medida en que nos comuniquemos mejor, y hagamos ejercicios de buena convivencia, se facilitaría que este tipo de agresiones no se den o que disminuyan a bajos niveles– dijo.

Mientras eso sucede, en el Sutev el profesor José Miguel Fernández mostraba en su celular la publicación que una alumna suya de hace algunos años hizo en su muro de Facebook, una vez se enteró de la agresión de la que fue víctima el maestro: “Devolverle el respeto al docente, y su autoridad académica como otrora, es una urgencia que demanda una educación de calidad”.


30 años de docencia

El profesor José Miguel Fernández nació en el Caquetá. 

Desde hace 12 años da clases de biología en Cali. 

También ha sido dirigente sindical, “siempre defendiendo la calidad de la educación del país”, dice. 

Se graduó en el Inem de Popayán, en 1983, el año del terremoto.
El grado de hecho se realizó en carpas sostenidas con guaduas, pues el colegio fue muy afectado por el sismo. 

Después el profesor José Miguel estudió ciencias agropecuarias en la Universidad del Valle. 

“Lo que he querido siempre es que mis alumnos tengan una visión del mundo avanzada, con base en las ciencias. Eso es clave para el desarrollo económico de la Nación”, dice.

 

Fuente: http://www.elpais.com.co/valle/agresiones-y-amenazas-la-clase-que-cada-vez-mas-sufren-los-profesores-del.html